El cierre del ejercicio fiscal es un momento clave para autónomos, pymes y empresas. No se trata únicamente de cumplir con las obligaciones contables y tributarias, sino también de planificar adecuadamente con el fin de optimizar la factura fiscal. Tomar decisiones estratégicas antes de que finalice el año puede marcar una diferencia significativa en la carga impositiva.
Te contamos algunas de las principales estrategias fiscales que conviene considerar al cierre del ejercicio, siempre con el apoyo de una asesoría fiscal que adapte cada medida a la realidad concreta del negocio.
Uno de los primeros pasos es revisar exhaustivamente todos los gastos deducibles que pueden minorar la base imponible:
En muchos casos, anticipar o diferir determinados gastos al final del ejercicio puede ser una herramienta eficaz de planificación.
Las empresas pueden aprovechar las amortizaciones fiscales de inmovilizado material e inmaterial, ajustando las tablas a lo permitido por la normativa para reducir la base imponible.
Asimismo, es importante valorar la dotación de provisiones por insolvencias o deterioro de activos, siempre dentro de los límites legales. Esto permite reflejar una imagen fiel de la situación financiera y, al mismo tiempo, optimizar el resultado fiscal.
Para autónomos en estimación directa, la correcta aplicación de amortizaciones también es un factor clave que muchas veces se pasa por alto.
Si la empresa o el autónomo ha tenido pérdidas en ejercicios anteriores, es posible compensarlas con beneficios futuros. La Ley del Impuesto sobre Sociedades y la normativa del IRPF contemplan esta posibilidad, que puede llegar a ser determinante para reducir la factura fiscal del año en curso.
Conviene revisar con detalle el historial fiscal para no perder esta oportunidad, ya que la compensación puede aplicarse de manera indefinida en el tiempo, pero siempre dentro de los límites que establece la normativa vigente.
Los profesionales y empresas que emiten facturas con retención deben comprobar que estas se han aplicado correctamente a lo largo del ejercicio. En algunos casos, puede ser conveniente ajustar las retenciones en las últimas facturas del año para evitar un exceso de tributación que, aunque se recupere en la declaración anual, genera tensiones de liquidez.
La normativa contempla diferentes deducciones y bonificaciones que pueden ayudar a reducir la carga fiscal:
Estas deducciones pueden ser decisivas para empresas que han realizado inversiones estratégicas durante el año.
En el caso de sociedades, es importante analizar la política de retribuciones y dividendos:
Tomar estas decisiones antes de cerrar el ejercicio evita costes adicionales y permite diseñar una estrategia fiscal más equilibrada.
Tanto autónomos como trabajadores por cuenta ajena pueden reducir la base imponible en el IRPF mediante aportaciones a planes de pensiones individuales o de empresa. Para 2025, el límite general de aportación individual es reducido, pero sigue siendo una herramienta eficaz de planificación fiscal. Además, los planes de empleo ofrecen un mayor margen de deducción. Conviene valorar estas aportaciones antes de final de año.
En grupos empresariales o negocios con operaciones entre partes vinculadas (sociedades del mismo grupo, socios y empresa, etc.), es esencial documentar y justificar los precios de transferencia. La correcta valoración de estas operaciones evita ajustes fiscales posteriores y sanciones. Revisarlas antes de cerrar el ejercicio permite corregir posibles desviaciones y asegurar que cumplen con la normativa.
Para empresas con actividad internacional resulta clave analizar cuestiones como la retención en origen de rentas obtenidas en el extranjero, la aplicación de convenios de doble imposición y las obligaciones de información fiscal (modelo 720, DAC 6, etc.).
Una planificación adecuada puede evitar pagar impuestos de más en dos jurisdicciones distintas.
Si se prevé realizar inversiones necesarias para el negocio a corto plazo (maquinaria, tecnología, vehículos, etc.), puede ser interesante adelantarlas antes de final de año. De esta forma, se aprovechan las amortizaciones y deducciones desde el mismo ejercicio, reduciendo la base imponible.
El cierre fiscal es también la oportunidad de aplicar estrategias que reduzcan la carga impositiva de manera legal y eficiente. La clave está en planificar con antelación y contar con una asesoría fiscal de confianza.