Para muchos autónomos y pequeños empresarios, contratar al primer trabajador supone un antes y un después. Significa que el negocio empieza a crecer, que la carga de trabajo ya no puede asumirla una sola persona y que ha llegado el momento de delegar.
Sin embargo, también es una de las decisiones que más dudas genera. Más allá del salario, contratar implica asumir nuevas obligaciones laborales, administrativas y organizativas que no siempre se conocen. De hecho, muchos de los problemas que aparecen durante los primeros meses tienen su origen en una mala planificación.
Estos son algunos de los errores que siguen repitiéndose con más frecuencia.
Empezar a buscar personal demasiado tarde
Uno de los fallos más habituales es esperar a estar completamente desbordado para iniciar el proceso de selección.
Cuando la necesidad es urgente, resulta más difícil dedicar tiempo a definir el puesto, seleccionar candidatos o planificar la incorporación. Esto aumenta las posibilidades de tomar decisiones precipitadas.
Lo más recomendable es comenzar el proceso cuando el negocio empieza a mostrar un crecimiento sostenido, no cuando la falta de tiempo ya está afectando al servicio o a los clientes.
Calcular únicamente el coste del salario
Muchas personas que contratan por primera vez centran sus cálculos en el sueldo que percibirá el trabajador. Sin embargo, el coste real para la empresa es mayor.
A ese salario hay que sumar, entre otros aspectos, las cotizaciones a la Seguridad Social, las vacaciones, las pagas extraordinarias, las posibles sustituciones o los costes asociados a la prevención de riesgos laborales.
Tener una previsión completa ayuda a valorar si la contratación es sostenible a medio plazo.
Elegir un contrato sin analizar cuál se adapta mejor
La normativa laboral contempla distintas modalidades de contratación, y no todas responden a las mismas necesidades.
Antes de formalizar un contrato conviene analizar factores como la duración prevista del trabajo, las funciones que va a desempeñar el empleado o las características del puesto.
Elegir una modalidad inadecuada puede obligar a realizar cambios posteriores o generar incidencias desde el punto de vista laboral.
No preparar la incorporación del trabajador
Contratar no termina con la firma del contrato.
Es bastante habitual que el primer empleado llegue a la empresa sin tener claras sus funciones, sin acceso a las herramientas necesarias o sin una persona de referencia que le explique cómo funciona el negocio.
Una incorporación bien organizada facilita la adaptación y permite que el trabajador sea productivo en menos tiempo.
No definir las funciones desde el principio
En las pequeñas empresas es frecuente que una misma persona desempeñe varias tareas. Sin embargo, eso no significa que todo deba quedar abierto a la improvisación.
Explicar desde el primer día cuáles serán las responsabilidades, los horarios, los objetivos o la forma de trabajar ayuda a evitar malentendidos y mejora la organización del equipo.
Descuidar las obligaciones administrativas
La contratación lleva asociadas una serie de trámites que deben cumplirse antes del inicio de la actividad.
Dar de alta al trabajador en la Seguridad Social, formalizar correctamente el contrato, comunicarlo a los organismos correspondientes o cumplir con las obligaciones en materia de prevención de riesgos laborales son algunos de los pasos necesarios.
Omitir alguno de estos procedimientos puede dar lugar a incidencias o sanciones.
Pensar solo en cubrir una necesidad inmediata
Otro error frecuente es contratar únicamente para resolver un problema puntual, sin valorar cómo encaja ese puesto en la evolución futura del negocio.
Aunque las necesidades cambien con el tiempo, resulta útil plantearse cuestiones como si esa función seguirá siendo necesaria dentro de unos meses o si la empresa podrá mantener ese coste cuando pase el momento de mayor actividad.
Una contratación suele ofrecer mejores resultados cuando responde a una estrategia de crecimiento y no solo a una urgencia.
Olvidar la importancia de la comunicación
La relación laboral empieza mucho antes de que el trabajador se incorpore.
Explicar con claridad las condiciones del puesto, las expectativas de ambas partes y el funcionamiento de la empresa ayuda a generar confianza desde el primer momento y reduce la posibilidad de conflictos posteriores.
En negocios pequeños, donde el contacto entre empresario y trabajador es constante, este aspecto cobra todavía más importancia.
El asesoramiento previo puede evitar muchos errores
La primera contratación suele ir acompañada de dudas sobre contratos, bonificaciones, cotizaciones o trámites administrativos. Resolver estas cuestiones antes de incorporar al trabajador permite evitar errores que, en algunos casos, pueden tener consecuencias económicas o legales.
Contar con el apoyo de una asesoría laboral facilita todo el proceso, desde la elección de la modalidad de contratación hasta el cumplimiento de las obligaciones posteriores, permitiendo que la empresa pueda centrarse en lo más importante: seguir creciendo.