Responder correos a cualquier hora, mensajes de WhatsApp fuera de jornada o llamadas “rápidas” al final del día han sido durante años prácticas habituales en muchas empresas. Sin embargo, el derecho a la desconexión digital ya no es una recomendación ni una cuestión de cultura interna: es una obligación legal que, en los últimos tiempos, ha dado lugar a sanciones reales a empresas por no respetarla.
Para pymes, autónomos con empleados y empresas, entender qué implica este derecho y cómo aplicarlo correctamente es clave para evitar conflictos, inspecciones y multas.
Qué es el derecho a la desconexión digital
El derecho a la desconexión digital garantiza que las personas trabajadoras puedan desconectar de los dispositivos digitales y de las comunicaciones profesionales fuera de su tiempo de trabajo legal o pactado.
En la práctica, supone que:
- No están obligadas a atender correos, llamadas o mensajes fuera de su horario.
- No deben sufrir consecuencias negativas por no responder.
- El descanso, la conciliación y la salud digital deben respetarse.
Este derecho es especialmente relevante en entornos con teletrabajo, uso intensivo del email o mensajería instantánea.
Por qué ahora se habla tanto de sanciones
En los últimos años la Inspección de Trabajo ha intensificado el control sobre las jornadas reales de trabajo, las horas extraordinarias encubiertas o el uso abusivo de medios digitales fuera de horario, entre otras cuestiones.
Enviar correos o mensajes fuera de la jornada laboral no es ilegal por sí mismo, pero puede convertirse en una infracción cuando se exige o se espera respuesta inmediata, se normaliza como práctica habitual o se utiliza como forma de control o presión.
Las sanciones recientes han puesto el foco en empresas que no contaban con protocolos claros o que toleraban estas prácticas de forma sistemática.
A quién afecta el derecho a la desconexión
El derecho a la desconexión digital afecta a todas las empresas, independientemente de su tamaño, y a todas las personas trabajadoras, con algunas particularidades según el puesto. También es aplicable en situaciones de teletrabajo, de trabajo híbrido o en modalidades presenciales con uso habitual de dispositivos digitales.
Incluso los mandos intermedios y directivos están protegidos, aunque en estos casos puede haber matices derivados de la naturaleza del puesto.
Qué están obligadas a hacer las empresas
La normativa no se limita a reconocer el derecho, sino que exige a las empresas actuar de forma activa.
Entre las principales obligaciones destacan:
Elaborar una política interna de desconexión digital
Debe establecer los horarios de no disponibilidad, los canales de comunicación permitidos y las excepciones justificadas (urgencias reales).
Informar a la plantilla
La política debe comunicarse de forma clara y accesible, evitando ambigüedades.
Formar y sensibilizar
Especialmente a responsables de equipos, para evitar malas prácticas normalizadas.
Respetar la jornada y el registro horario
El uso de correos fuera de horario puede ser un indicio de horas extra no registradas.
El derecho a la desconexión no es absoluto. Pueden existir excepciones, siempre que estén bien definidas y justificadas, como las emergencias reales, las incidencias graves que afecten a la actividad y los servicios de guardia pactados previamente. La clave está en que estas situaciones sean excepcionales, claras y documentadas, no la norma.
El papel de los correos electrónicos y la mensajería instantánea
Uno de los puntos más delicados en el derecho a la desconexión digital es el uso del email y de herramientas como WhatsApp o Teams. Estas son algunas prácticas que generan riesgo:
- Correos enviados fuera de horario con tono urgente.
- Mensajes reiterados durante descansos, fines de semana o vacaciones.
- Uso de canales informales para dar instrucciones laborales.
Aunque no se exija respuesta explícita, la expectativa implícita puede ser suficiente para vulnerar el derecho a la desconexión.
Riesgos de no cumplir el derecho a la desconexión digital
El incumplimiento del derecho a la desconexión puede derivar en sanciones administrativas para la empresa y en reclamaciones laborales. También puede generar conflictos internos y desgaste del clima laboral, y también en problemas de salud laboral vinculados al estrés y la sobrecarga.
Para pymes y empresas, cumplir con este derecho es sencillo. Hay que empezar por definir claramente los horarios claros y respetarlos. Por ejemplo, programando los envíos de correos dentro de la jornada laboral, evitando el uso de mensajería instantánea para tareas habituales fuera de horario y liderando con el ejemplo desde la dirección.