El primer año de actividad de un negocio suele ser una mezcla de ilusión, aprendizaje… y algún que otro despiste. Entre clientes, proveedores, facturas y decisiones estratégicas, la fiscalidad queda a veces en segundo plano. El problema es que muchos de los errores fiscales que se cometen al empezar pueden tener consecuencias económicas importantes y, lo que es peor, arrastrarse durante años.

Te contamos cuáles son los fallos fiscales más habituales en el primer año de actividad y cómo evitarlos con una buena planificación desde el inicio.

 

  1. No conocer bien las obligaciones fiscales desde el principio

Uno de los errores más comunes es empezar a trabajar sin tener claro qué impuestos hay que presentar, cada cuánto tiempo y qué ocurre si se presentan fuera de plazo. IVA, retenciones, pagos fraccionados, Impuesto sobre Sociedades… No todos los negocios tienen las mismas obligaciones, y asumir que “ya me avisarán” suele acabar en sustos.

 

  1. Elegir mal el régimen fiscal o no revisarlo a tiempo

Muchos autónomos y sociedades se dan de alta con una configuración fiscal estándar que luego no revisan. El problema es que no todos los regímenes de IVA son iguales, y algunos sistemas pueden ser poco eficientes para tu tipo de negocio. Cambiar tarde puede implicar perder oportunidades de optimización o arrastrar errores durante todo el ejercicio.

Analiza el régimen fiscal más adecuado con la ayuda de una asesoría fiscal de confianza. Puede evitarte problemas y ahorrarte dinero.

 

  1. Mezclar cuentas personales y del negocio

Especialmente frecuente en autónomos y sociedades pequeñas. Pagar gastos personales con la cuenta del negocio o usar una sola cuenta para todo genera confusión contable y dificultades para justificar gastos, lo que conlleva un riesgo de deducciones incorrectas. Además, ante una revisión fiscal, esta práctica suele levantar sospechas.

 

  1. Deducir gastos sin cumplir los requisitos

No todo gasto relacionado con el negocio es automáticamente deducible. Para que Hacienda acepte una deducción, debe estar relacionado con la actividad, estar debidamente justificado y estar correctamente contabilizado.

En el primer año es habitual deducir gastos dudosos, por si cuela, lo que puede acabar en regularizaciones y sanciones. Consulta antes a tu asesor fiscal.

 

  1. Olvidar las retenciones

Las retenciones suelen generar muchos errores: no aplicarlas cuando corresponde, aplicarlas mal, no ingresarlas en plazo… Esto es habitual en facturas profesionales, alquileres o determinados servicios.

 

  1. Presentar impuestos fuera de plazo

El primer año es fácil perderse entre fechas, especialmente si el negocio está arrancando. Presentar impuestos fuera de plazo implica recargos automáticos y posibles sanciones. Aunque se trate de un simple olvido, el coste puede ser elevado.

 

  1. No prever el impacto del IVA

Muchos negocios olvidan que el IVA cobrado no es dinero propio, sino que se recauda para Hacienda. Gastar el IVA ingresado en lugar de reservarlo para la liquidación trimestral es un error muy habitual es. Esto provoca tensiones de tesorería cuando llega el momento de pagar.

 

  1. Descuidar la contabilidad desde el inicio

Pensar que “ya se pondrá al día” es un clásico del primer año. El problema es que los errores se acumulan y se pierde visión real del negocio. Y que las regularizaciones posteriores son más costosas. Una contabilidad desordenada suele ir de la mano de errores fiscales.

 

  1. No pedir asesoramiento a tiempo

Muchos emprendedores acuden al asesor fiscal cuando ya hay un problema. En el primer año, esto suele implicar declaraciones mal presentadas, decisiones fiscales poco eficientes y pérdida de oportunidades de planificación.

 

  1. Pensar que si la empresa es pequeña no pasa nada

Un error muy extendido es creer que, por ser un negocio pequeño o estar empezando, Hacienda no prestará atención. La realidad es que los cruces de datos son automáticos y las revisiones no dependen del tamaño del negocio. Y el primer año no es una excepción.

 

Para pymes, autónomos y empresas, una buena gestión fiscal desde el inicio no solo evita sanciones, sino que aporta tranquilidad y permite centrarse en lo realmente importante: hacer crecer el negocio.

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